Image

Cultivar y Motivar

Confundir el ministerio con caminar aparte del cuerpo

la perfección en la vida del cristiano
Es una bendición ver a hermanos con deseo genuino de buscar a Dios y desarrollar los dones que el Señor les ha dado. Sin embargo, debemos recordar que en el Nuevo Testamento los dones nunca fueron entregados para la autonomía espiritual, sino para la edificación del cuerpo (Efesios 4:11–16). 

El crecimiento verdadero no ocurre al margen de la iglesia, sino dentro de ella, bajo el cuidado y la guía de los pastores que Cristo ha establecido. Buscar a Dios no es independizarse del cuerpo, sino arraigarse más profundamente en él. Cuando alguien usa su llamado como pretexto para caminar desmembrado de la iglesia o resistir la autoridad pastoral, no está demostrando mayor espiritualidad, sino desconexión del diseño de Cristo. La madurez no se mide por cuánto hacemos “para Dios”, sino por cuánto permanecemos humildemente sometidos a Su Palabra y comprometidos con Su iglesia. 

Debemos entender que la autoridad pastoral no es un obstáculo para el crecimiento espiritual, sino un medio de gracia establecido por Cristo para proteger, corregir y afirmar. Hebreos 13:17 nos recuerda que los pastores velan por las almas como quienes han de dar cuenta. Cuando alguien decide caminar aparte, no solo se debilita a sí mismo, sino que priva a otras personas del cuerpo del orden y la unidad que glorifican a Dios.  

Cuando alguien busca actuar de forma independiente, sin la madurez espiritual suficiente ni un conocimiento sólido de la Palabra, el peligro se multiplica. El entusiasmo sin formación bíblica abre la puerta al orgullo y al error. La verdadera madurez no se demuestra en el activismo, sino por la profundidad en la Escritura, un carácter que busca imitar al de Cristo y la disposición gozosa y humilde a ser corregido. Cuando eso falta, podemos hacer mucho daño al cuerpo de Cristo. 

Como cristianos miembros de una iglesia, debemos cuidarnos de no dejarnos arrastrar por dinámicas que, aunque parezcan espirituales, terminan creando divisiones. La Biblia nos llama a velar por la unidad (Efesios 4:3) y a no fomentar grupos que operen al margen del liderazgo que Cristo ha establecido. Cuando surgen iniciativas que no responden al pastorado ni rinden cuentas, el cuerpo no debe seguirlas por simpatía, carisma o entusiasmo, sino evaluar todo a la luz de la Palabra y del orden bíblico. 

Nuestra lealtad no es a iniciativas paralelas, sino a Cristo expresado en Su iglesia local, caminando en sujeción, transparencia y comunión verdadera. El ministerio florece cuando está plantado en el terreno de la comunión, la rendición mutua y el amor por la iglesia local. 

- Rey Proenza